Oso de Plata al mejor guion, con «Estados Unidos del amor» pone en la pantalla su visión sobre la transición femenina en los 90 al salir del comunismo polaco
14 jul 2017 . Actualizado a las 05:06 h.Tomasz Wasilewski (Polonia, 1980) tiene como objetivo personal la verdad, y le une a otros directores polacos el interés por el ser humano, un ser que se comunica mal, como las mujeres de Estados Unidos del amor, cuyo mapa emocional femenino está inspirado en los momentos de la transición que vivió junto a su madre, su hermana y otras mujeres.
-¿Cómo es el mapa emocional de las mujeres polacas hoy en día?
-Cuando Polonia se abrió al mundo occidental solo se notaban pequeños cambios, pero luego la sociedad polaca empezó a notar más la influencia de la cultura occidental, sobre todo a través de la alemana, que influenció la emancipación de las mujeres polacas. Hoy las voces de las mujeres son mucho más fuertes, y se sienten más capaces de elegir el amor, el trabajo o la familia que quieren, porque también todos como individuos tenemos una voz interior muy importante que nos indica que podemos elegir.
-La película muestra la vida de cuatro mujeres con un punto de vista desdichado.
-Cuando cayó el comunismo muchas familias pudieron viajar y salir del país, toda una novedad, y por eso muchas también emigraron. Mi padre se fue a trabajar a Estados Unidos y yo me quedé en casa con mi hermana mayor, mi madre y sus amigas. Entonces durante un par de años, viví con ellas uno de los momentos más importantes de la transición, y esa perspectiva la he reflejado porque fue el contacto natural que yo tuve con esa época.
-¿Qué importancia tuvo la moral católica una vez pasado el comunismo?
-Durante el comunismo, la Iglesia católica tuvo un papel muy fuerte, lo cual permitió que se mantuvieran algunos valores. La gente encontraba apoyo y solidaridad en la iglesia, y además contaba con el movimiento creado alrededor del papa polaco, Juan Pablo I, que apoyó acabar con el comunismo. Por eso, al mismo tiempo, la iglesia cada vez fue ganando más influencia en la política y cuando cayó el régimen comunista éramos libres, pero bajo su inmenso poder.
-Todas las mujeres demuestran una enorme soledad y desconexión, incluso entre ellas.
-Cuanto más mayor me hago, más me doy cuenta de que no comunicamos. Vivimos lo más importante de nuestra vida dentro de nosotros mismos. Esta no es una película política ni social, sino acerca de mis reflexiones sobre el ser humano y sus emociones, porque aunque no está solo, se siente solo. Por eso construí esos personajes, para mostrar este pequeño drama universal en la vida del ser humano, no porque las mujeres de esa época actuaran así.
-La libertad aparece como algo melancólico y el amor como algo destructivo, dos aspectos positivos y también oscuros.
-Yo soy así de oscuro y los personajes más oscuros y al límite son los que realmente me interesan como artista, porque son los más difíciles. Es el público el que decidirá qué pensar y qué sentir, si estos personajes se salvarán o caerán por el precipicio, porque yo siempre escojo lo peor que podría ocurrir aunque les quiera.
-¿Por qué el sexo deja de ser algo placentero en las protagonistas?
-Es porque están en el momento más difícil de su vida. Están muy perdidas pero tienen esperanzas y luchan por sobrevivir, aunque les resulta más difícil decirles a sus parejas lo que sienten que acostarse con ellos. Abrir nuestra alma es lo más difícil, porque creemos que si lo hacemos el otro puede herirnos, por eso nos protegemos. Y hacer el amor, que es algo íntimo y natural, se convierte en otra cosa.
-Se le describe como un director que conoce bien la psique de las mujeres. ¿Qué más ha descubierto dirigiéndolas?
-Su infinidad emocional es como un océano. No es todo negro y blanco, sino con estados intermedios. Nunca tienen una sola respuesta y me fascina, porque puedo explorar sin límites.
-¿De qué fuente bebe su estética?
-El lado visual de la película es muy importante y no es al azar. Siempre sé exactamente cómo quiero hacer la película, porque creo que la estética y los colores tienen mucho que ver con los personajes y cuando hablé con el director de fotografía, que vivió en Moldavia, también comunista, nos dimos cuenta de que recordábamos esta época con colores otoñales. Por eso no usamos colores fuertes.
-¿Pertenece a una nueva generación de nuevos directores polacos?
-Sí, en Polonia hay una nueva generación con voz, no solo como cineastas sino como artistas. En el cine polaco se cuentan historias cuyos personajes interesan porque muestran siempre lo que hay dentro del ser humano, que para los cineastas polacos es el centro. Los nuevos directores hacen películas fascinantes y son las que se ven realmente.
-En ningún momento muestra cuerpos perfectos. ¿Es una reacción a la tendencia de la sociedad actual?
-Si todos ahora nos desnudáramos creo que ninguno seríamos perfecto. Y esa es la belleza que llevamos dentro. Por eso todas las mujeres de mi película son bellas, porque son auténticas y esta verdad es lo más importante para mí porque, si consigo captarla, podré comunicarme con el público, confiarán en mí y sabrán que yo no miento.
-¿Qué le supuso el Oso de Plata?
-Me ha abierto puertas. Cuando empiezo un proyecto me entrego, y por eso a menudo me pregunto si lo hago bien y si la película muestra toda la verdad que quiero. Así que si te dan el Oso de Plata significa que algo he hecho bien, que el propósito de mi lucha ha servido, lo he logrado y he escogido el camino correcto.
-¿Se va a centrar en el universo femenino en su próxima película?
-Sí y será el relato emocional de una mujer de 60 años, una mujer madura psicológicamente de la época actual que debe repensar y volver a entender su vida y las decisiones que debe tomar en el presente.